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miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Adiós al romanticismo?

El fin de semana pasado, mientras disfrutábamos de una estupenda tarde/noche de playa entre amigos, salió el tema del romanticismo, y uno de mis chicos decía que, en su opinión, las mujeres son cada vez menos románticas que los hombres. Quiero pensar que su opinión estaba condicionada por la cantidad de barbaridades que habían salido antes por mi boca, por las sesiones previas de eructos y el relato de nuestras intimidades, pero aún así no pude evitar quedarme con el comentario. ¿Será cierto? El romanticismo masculino nunca estuvo muy extendido, pero, ¿se está perdiendo también el femenino?

Yo creo que el romanticismo es como la energía: ni se crea ni se destruye; simplemente se transforma. En la primera etapa de mi adolescencia viví una relación de lo más romántica: lectura de poesía, canciones dedicadas, regalos, paseos, cartas y demás. Fue precioso, y es uno de los motivos por los que guardo tan buen recuerdo de este chico, pero soy totalmente consciente de que hoy por hoy ningún hombre va a llegar a leerme los sonetos del amor oscuro de Lorca ni va a dedicarme "Grita", de Jarabe de Palo. De hecho, tendré suerte si el chico lleva condones encima e insiste en usarlos. Y tal vez suene feo pero, hoy por hoy, considero romántico quedarte más de 5 minutos abrazado o abrazada a alguien después de practicar el sexo.

Sigo considerándome una persona ñoña y romanticona en todo el ámbito de la palabra: siempre me encantarán las flores, las sorpresas, los paseos abrazados, compartir libros, dedicar canciones y todas las niñerías que se os ocurran, pero me temo que hace ya mucho tiempo que dejé de encontrar gente con quien poder ponerlo en práctica. Ahora todo es más rápido, tiende más al desfogue, y nadie quiere pararse ya a disfrutar de un beso o una caricia por temor a que la otra persona piense que "te estás pillando". Creo que estoy mezclando temas.

En fin, quién sabe... Quizá todo dependa de la persona, como siempre, pero es que esa frase está ya tan trillada que hasta chirría pronunciarla...

jueves, 24 de junio de 2010

Sexo en Nueva York

Es cierto, lo reconozco: me he enganchado a la serie. Sí, es frívola y no aporta nada más allá de imágenes de vestidos y zapatos divinos, pero... ¡es que son TAAAN divinos!

El caso es que ayer confesé mi adicción a un amigo y éste me dijo que, tal y como se hablaba de los tíos y de la cantidad de polvos diferentes que aparecían, si esa serie fuera de tíos la polémica habría sido brutal. No supe muy bien cómo contestarle y medio me callé.

Hoy he visto otro capítulo pensando en si realmente se habla de los hombres como objeto en la serie, y la verdad, creo que no demasiado. Quiero decir, en todas las series y películas actuales es normal que haya situaciones en las que uno u otra hable de una persona del sexo opuesto como un "objeto". Por supuesto, en "Sexo en Nueva York" también pasa. Pero también creo que, a pesar de que se hable constantemente de sexo, hombres, relaciones, etc., no se hace en un sentido despreciativo ni soez, o al menos no como tónica general. Sigo pensando que es una serie para mujeres, y que al margen de la mayor o menor divinidad de los personajes, muchos de los temas que tratan son los que más veces aparecen en las conversaciones femeninas, o al menos en las mías: soltería vs. pareja, sexo vs. amor, compromiso vs. libertad, los problemas de la edad, la mujer y el mercado laboral, el éxito y el sexo, los complejos, los miedos y frustraciones... Y, sobre todo, muchos de los tipos de hombres que te puedes encontrar por ahí. Llamadme pava, pero en más de un capítulo he visto reflejadas experiencias propias con tanta claridad que asusta, aunque supongo que ese es el fin de la serie. Y por no hablar del tema "cosas raras que te pueden pasar en una relación sexual"...

En fin, que para gustos, colores, y que aunque se pasen el tiempo acostándose con 20 distintos en cada capítulo eso no implica que les salga siempre todo bien. Como la vida misma, vaya.