domingo, 15 de septiembre de 2013

Perforada

Ayer me puse un pendiente en la nariz. Uno de verdad, nada de pistola, aros semiabiertos ni pendientes de imán: uno perforado con aguja en una tienda de piercings y tatuajes.

Algunos de mis amigos se han reído un poco y me han dicho que si he vuelto a la adolescencia y que si vaya tontería, pero no lo veo así en absoluto. Para mí es más bien algo que siempre he querido y que no he podido hacer hasta ahora, y es que cuando tenía la «edad» para hacerlo mis padres no me dejaron bajo ningún concepto; por mucho que digan, siempre he sido una niña muy buena que ha acatado (casi) todas las prohibiciones. Hasta renuncié a un año de beca Erasmus en Heidelberg, ya concedida y con el alojamiento buscado, por no haber aprobado las que me quedaron para septiembre. Pero esa es otra historia para otro día.

En fin, el caso es que antes de mi último cumpleaños lo pensé mucho y decidí que qué hostias, que era ahora o nunca, pero al final fueron unos días un tanto raros (mi cumpleaños siempre lo es) y no me quedaron muchas ganas para hacerlo. Hasta el viernes pasado.

Tomando unas cervezas con Pe me dijo que pensaba ir a hacer lo mismo al día siguiente, que si patatín y patatán, y me dije que qué hostias, que por qué no; total, solo es un agujero de nada, no tengo que darle explicaciones a nadie de lo que haga o deje de hacer y, seamos sinceros, tampoco es tan importante. Y me encantó la idea de ir a hacérnoslo juntas.

Aún me duele un poco y ayer pasé un día de mierda (también otra historia para otro día) por una extraña reacción de mi cuerpo a la mezcla de la resaca, la anestesia, la falta de sueño y supongo que alguna impresión subconsciente o algo raro, pero me alegro de haberlo hecho. Me da un poco de cosa el momento en que vea a mis padres, que para algunas cosas el tiempo parece no haber pasado, pero solo será raro al principio y después ni se darán cuenta. Bueno, sí lo harán, me lo recordarán de vez en cuando y lo usarán en las futuras discusiones que tengamos sobre mi vida, pero el resto del tiempo dará igual.

En fin, y como colofón, la prueba gráfica. Hoy tengo mejor cara, lo prometo. :D


3 comentarios:

Flor Aguilar dijo...

¡Hermosa! Parecés aún más niña. <3

Nunca me animé a hacerme un piercing en la nariz (valga la aclaración que tengo una nariz MUY grande, bien aguileña y no quedaría bien); pero siempre me rebelé con mi madre que me decía que no me haga tatuajes ni piercings. OCVIAMENTE, me hice de los dos. Aunque ya no tengo mis piercings, porque me los tuve que sacar por un trabajo que tuve, los amé.

Good for you, Pil!

Jordi Balcells Antón dijo...

Lo que tú quieras, pero sonríe, Pi :D

Alemanita dijo...

Jajaja, es que me dolía bastante en el momento y acababa de recuperarme de un bajón tremendo de algo. De todas formas ya me habéis visto la caja de dientes un montón, así variamos. :D