El síndrome del desarraigo

Después de casi dos años siendo traductora autónoma mi padre sigue sin entender que lo que hago es un trabajo y que estoy aquí porque quiero. Cada vez que hablamos por teléfono me insiste en que tengo que decidirme por un sitio donde quedarme, que tengo que comenzar a acumular un patrimonio para mi jubilación y que si lo hago en Granada, además de ser más barato, cabría la posibilidad de que encontrase "un trabajo".

Aunque sé que mi padre es una persona inteligente y con los pies en la tierra, me temo que no se da cuenta de que ser traductor autónomo no es algo "temporal" (o al menos no es la idea) ni tampoco el capricho de la niña estos últimos años, sino el oficio que he elegido para vivir. Obviamente no soy tonta y si algún día surgiese otra buena oportunidad laboral la aceptaría, pero "buena" no siempre significa "más dinero". No quiero un trabajo en el que a cambio de 1800 € "fijos" me puteen como al que más. No, gracias, para eso ya me puteo yo sola.

En fin, y como un tema lleva a otro, al final acabó dándome su opinión de por qué estoy aquí, y agárrense: dice que tengo miedo al compromiso. Esto podría ser verdad en el caso de que tuviese algún compromiso del que huir, pero dado que no lo hay, ¿a qué se supone que le tengo miedo? Aunque en su momento fue de los primeros en animarme a que me viniese a Alemania de un tiempo a esta parte no deja de sugerirme que en Granada estaría mejor, que la vida sería más barata, que tendría el apoyo de la familia y los amigos, etc. A veces me pregunto en qué condiciones piensa que vivo aquí y si realmente cree que todo sería de color de rosa si estuviera allí, porque yo sé que no. Más bien serían color gris tirando a caca.

Me resulta duro decirlo, pero hace tiempo que dejé de sentir que mi lugar está allí. En realidad creo que no está en ningún sitio, aunque la experiencia me dice que todo aquel que pasa más de 2 o 3 años en el extranjero (me encanta esa palabra, el extranjero) adquiere este síndrome del desarraigo. De repente nada es tan bueno ni tan malo, te cansas de los sitios al cabo del año, al poco de llegar a un lugar ya estás pensando en irte a otro, siempre tienes la sensación de estar perdiéndote algo por estar aquí y no allí, echas de menos lo bueno de cada sitio y te agobia el no encontrarlo todo allá donde estés... Seguro que sabéis de lo que hablo.

A veces me pregunto si en realidad esto es una búsqueda imposible; al fin y al cabo, no busco nada concreto. O sí, quién sabe. Supongo que busco lo mismo que todos, un rincón en el que ser feliz, y supongo que es más fácil cuando sabes que tienes que encontrar ese rincón en un solo lugar. Pero el mundo es tan grande y hay tanto por ver y por hacer... ¿Es ese mi "destino"? ¿Dar vueltas por mil sitios sin poder parar en ninguno? ¿Podré vivir siempre de lo que me gusta hacer? ¿Seré la vieja de los gatos y sin un techo donde dormir? ¿Debería volver a "casa"? ¿Probar suerte en otro lugar? ¿Debería quedarme aquí?

Ya sé lo que estáis pensando: que la vida pone a cada uno donde tiene que estar, que no le dé vueltas, que decida sobre la marcha, que pensar en esto no merece la pena... Yo sí creo que es importante y también empiezo a cansarme de la sensación de descontento perpetuo, pero por desgracia no parece que exista ninguna solución mágica para estas cosas. Sí, tocará seguir esperando, seguir haciendo listas de pros y contras y seguir con la sensación de desarraigo hasta que un día la vida me ponga donde tenga que estar, hasta que deje de darle vueltas o hasta que decida sobre la marcha.

Sólo espero que ese día no tarde mucho en llegar.

3 enfermos se animan a hablar:

tupolev dijo...

No te imaginas cuánto te entiendo y cuánta similitud guarda el discurso de tu padre con el del mío.

No estás sola. Somos miles de células independientes las que formamos nuestro propio país, enraizado en los entresijos de todos los demás.

Nadie nos entiende, salvo nosotros mismos y nunca tendremos el espíritu de equipo que une a los que se quedan, pero nuestra fuerza reside precísamente en nuestra capacidad para sobrevivir donde sea.

Volveremos a nuestra tierra, o no. Volveremos a ver la Alhambra, la Alcazaba, la Malagueta...pero será sólo si nosotros queremos, cuando nosotros queramos y por nuestras razones.

Y cuando lo hagamos, llevaremos en la buchaca ganado, mucho más de lo que nos habremos perdido allí.

Enhorabuena: Ahora tienes pasaporte apátrida.

Montserrat Varela dijo...

Siento lo mismo que tú. Llevo trece años aquí en Alemania, y desde ya hace como mínimo cinco que me siento extraña allá, en España. Me encanta ir y ver a mi familia, pero no es mi vida. Tampoco la gente de aquí lo entiende, siempre te preguntan que si no quieres volver. Pues claro que no: qué tengo allí, les pregunto. Nada. Aquí sin embargo tengo mi familia y mi trabajo. Es así de sencillo.

Anónimo dijo...

Estuve en Alemania solo una semana y me costó volver. Se acostumbra uno pronto a que las cosas funcionen.
Vivo fuera de la ciudad donde nací y donde vive mi familia desde los 17 años (hace 34!), no puedo ejercer mi carrera en ella y eso me libra de las llamadas al regreso, pero no de las peticiones de visitas más frecuentes.
Yo voy, la verdad, lo menos que puedo y solo por amor de hijo.
Eso si, entiendo a tu padre como a los míos, se hacen mayores y nos echan de menos, les pareció bien, incluso se sintieron orgullosos de que volásemos solos, pero nos echan de menos y nos quisieran allí con ellos. Tampoco es egoísmo, ellos creen eso de que 'como en casa en ningún sitio' y lo que no entienden es que crecimos y nuestra casa está donde estamos nosotros.

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