miércoles, 20 de marzo de 2013

Y el mundo sigue girando, como siempre, al revés

Cuando ya pensaba que entendía a la "gente", van y me sorprenden de nuevo, y como de costumbre, de forma negativa.

Mi padre (cómo no) lleva ya un par de semanas muy raro, desde que una mañana me llamó para ir a comer a casa y le dije que no podía porque tenía una entrega a las 4 y no me daba tiempo si me iba 2 horas con ellos. Se enfadó muchísimo, jamás entendí por qué, y me dijo que en ese caso tiraría la comida, que no volverían a invitarme a comer y que vaya agenda tan ocupada la mía. Yo me quedé con cara de panoli y opté por pensar que estaría teniendo un mal día y que le dio por ahí. El caso es que ni me volvió a llamar ni nada, y las dos o tres veces que he llamado a casa a ver cómo estaban sonaba muy raro.

Sin ir más lejos, ayer le llamé para felicitarle por el día del padre y su respuesta fue que no tenía nada que celebrar, que lo haría si tuviera unas hijas de las que sentirse orgulloso, y yo me quedé muerta. Intenté tomármelo a broma y salir de la conversación con alguna broma, pero él insistía en ese argumento y, la verdad, que tu padre te diga eso, por muy broma que sea, duele. En fin, al final las aguas volvieron a su cauce, hablamos un rato y poco más.

Y hoy, de nuevo, he vuelto a llamarlo para pedirle que echase unas mantas al coche, que no me daba tiempo de ir a su casa a por ellas y pedirle que pasara por la mía, que le pilla de camino para ir al trabajo, y se ha pasado un par de minutos diciendo que no, que no pensaba venir, que si las quería ya sabía dónde estaban, etc. De nuevo he vuelto a quedarme planchada y al rato ya me ha preguntado que cuáles eran y al final me las ha traído, pero joder... A veces parece que no me conoce nada. Si supiera lo que me duelen esas bromas... En fin.

Y volviendo al tema de la "gente", lo mejor ha sido cuando esta tarde le he escrito a mi supuesto mejor amigo de por aquí para contarle algo que me hace muchísima ilusión y que me tiene feliz cual perdiz desde hace un par de semanas. Además, se lo he dicho en forma de bomba para dar pie a una conversación, una llamada, una reacción o algo. Su respuesta ha sido "Aham" y "Suerte", además de otro par de frases por el estilo. Otra vez me he quedado mirando el móvil con cara de gilipollas y se ha vuelto a encender en mi interior el cartel de "empiezas a sobrar otra vez en esta ciudad".

Así es, amigos. Estas son las cosas que siempre acaban por enviarme lejos de aquí. Si las personas que más quiero muestran ese interés por mí, pues casi que prefiero seguir con mi tónica de año nuevo, ciudad nueva. E historias de estas tengo para aburrir.

En fin, el caso es que llevo unas semanas asquerosa e inesperadamente feliz (a lo mejor un día os hablo de ello... o no), y no estoy dispuesta a que nadie me lo estropee. Cuando el mundo quiera volver a la normalidad, aquí estaré, pero basta ya de sentirse culpable por cosas que ni siquiera sé que he hecho.

2 comentarios:

Meriyou dijo...

Desde luego qué gente más rara hay por el mundo. Y hasta en la propia familia, debe ser eso de los genes recesivos.
Hazte pasota, es lo mejor :D

Pablo Bouvier dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.